CRÓNICAS DEL ACOSO

  CIRUGÍAS PARA REPARAR LA CONFIANZA

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Petruvska Simne
 

Tina está sentada en la sala de mi casa y la televisión está encendida para que sus hijos se distraigan mientras conversamos. Es una mujer hermosa, de una belleza fresca y resplandeciente y habla de lo que siente y de lo que piensa con absoluta franqueza. Su esposo y sus dos hijos son el centro de su existencia, pues piensa que la familia es lo más importante y lo demuestra con una sinceridad demoledora. Habla de su cirugía estética con transparencia y bondad, como quien revela una receta sencilla para lograr alcanzar la felicidad.

– ¿Qué la impulsó a tomar la determinación de operarse los senos?
Creo que porque hay muchas mujeres operadas. Antes no me importaba. Mi esposo comenzó a darse cuenta de lo bonitas que eran esas mujeres, y de que mis senos no eran los mismos.

– ¿Esas mujeres son las de la televisión?
– La televisión es la culpable : ahí las mujeres están todas operadas. Y estoy completamente de acuerdo de que el mundo de la televisión es otro, pero creo que influye de una manera muy profunda en la vida de cada uno de nosotros y no nos damos cuenta.

– ¿Su esposo le decía directamente que eran feos sus senos?
– Al final me lo dijo. No me dijo que tenía los senos feos sino… que él quería que yo me viera así: como esas mujeres. Prácticamente me dijo que los tenía horribles.

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Tina recuerda que en un programa de televisión donde hablaban de cirugía estética, vio un médico comentando que las mujeres se operan para que las vean las otras mujeres. Por eso es inevitable preguntarle si a ella le ocurrió lo mismo.

– ¿Usted se operó para que otras mujeres la vieran?
– No. No me operé por eso, pero ahorita me fijo en los senos de otras mujeres. Antes no me fijaba ni me importaba. Ahora no puedo dejar de verme y compararme con otras mujeres.

También para mí fue inevitable mirarle los senos y hacer un comentario. Le dije que sus senos se ven muy “naturales”, tratando de ser lo más comedida posible…
– Sí, me respondió con una sonrisa. Le dije al médico que los quería bien naturales, pero después de un año de operada cambié de parecer: ahora no los quiero así, tan naturales, los quiero “bien grandes”. Quiero que se me vean a un kilómetro de distancia, dice y se ríe de su atrevimiento.

– Entonces ¿se volverá operar?
– Si fuera por mí, sí… Pero mi esposo me dice que no. Estás loca, me dice, ¿para qué otra operación? Él ya no le encuentra sentido. Para él, están perfectos. Mientras que para mí: no. Quiero que se me vean hasta aquí, dice y se señala la barbilla. Después explica:
– Lo que pasa es que cada día la ciencia avanza más, y ahora hay unos implantes que son de perfil extra alto, una cosa impresionante.

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Tina cambia de posición en la silla y hace una pausa para tomar refresco. Le pregunto:

– ¿Te dio miedo operarte?
Y responde rápidamente, como si estuviera esperando la pregunta.
– Mucho. Me dio una crisis. Un pánico horrible.

– ¿Qué pasó?
– Era tanto mi deseo de hacerme los senos, y al mismo tiempo sentí tanto temor por la operación, que cuando llegó el momento… Ya me habían anestesiado y cuando me iban a pasar al quirófano, la doctora me examinó y me dijo “No te puedo operar”. Yo, entre dormida y despierta, le pregunté : “¿Por qué doctora? ¿me pasa algo? ” Y me dijo: “Tienes leche, tus senos están chorreando leche, y así no te puedo operar…” Hacía un año que yo había dejado de amamantar y dos años de haber dado a luz a mi segunda hija (mi primer hijo es un varón). La doctora me mandó un tratamiento, y dos semanas más tarde me operaron. Cuando cumplí el tratamiento, la doctora me examinó y vio que todo estaba bien… Creo que fue tanto el pánico que me dio, que mi cuerpo reaccionó de esa manera, tratando de impedir la operación, porque pensaba tantas cosas…

Su rostro se alarga cuando recuerda esos momentos. Piensa en sus dos pequeños hijos y en el riesgo implícito que genera cualquier operación… Continúa y habla de la sala de operaciones y las sensaciones de aquellos momentos, cuando se sentía flotando en un espacio sin tiempo y sin memoria, nadando en un mar turbulento de sensaciones y de miedos. Luego Tina se queda callada un momento y yo aprovecho para preguntarle:

– ¿Cómo hizo para conseguir el dinero de la operación?
– Teníamos un carro, un buggi viejo que mi esposo había comprado. Lo llevó a reparar y luego lo vendimos en 10 millones. Mi esposo me había dicho: “Si lo vendes te operas, así de simple.”

– ¿Cómo escogió al cirujano o, en su caso, a la cirujana plástico?
Tina tiene que dar un rodeo para encontrar la respuesta precisa. Me explica que había participado en un Encuentro Matrimonial en una iglesia evangélica. Señala que fue a “un taller bien bonito para aprender a vivir en pareja, y uno de los facilitadores se refería siempre a una doctora y a un doctor y cuando le hablé a ella, resultó que era cirujana plástico y me dio su tarjeta. Ella me operó, pero la verdad fue que no quedé conforme con la operación, aunque no tiene nada que ver con el trabajo de ella, que fue muy profesional, sino con el resultado.

– ¿Por qué no quedó conforme con la operación?
– Porque como yo los quería naturales, porque los tenía muy caídos por tanto amamantar a los niños, un año a cada uno, había que cortarme piel para que me quedaran los pezones al mismo nivel, pero la doctora me dijo que para evitar la cicatriz haría la operación por la aureola. Pero luego yo no tuve un buen reposo porque tenía que atender a los niños y un pezón se me bajó dos centímetros. Tampoco me quedaron tan redondos como los quería. Ahora doctora cobra un millón seiscientos adicionales para arreglarme la aureola y que todo quede perfecto…

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– ¿Cómo fue el post operatorio?
– Fueron días en los que me arrepentí de haberme operado. Mi esposo me marcó una presión horrible. Quería que lo acompañara a todas partes, pero no podía porque me sentía cansada, es un peso al que una debe acostumbrarse : son cuatrocientos gramos en cada seno, es algo que cansa. Además, no podía ni vestirme ni bañarme sola, pues no debía levantar los brazos. Tampoco podía hacer cosas como manejar, cargar a los niños, hacer la comida o barrer. Fue un infierno. Todos los días me reprochaba esa operación. Por otro lado, mi mamá vino a ayudarme y eso complicó el asunto porque cocina divino, y esos veinte días que estuvo con nosotros aumenté de peso, algo que no podía permitirme.

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– Después ¿qué hizo?
– Me compré una blusa sexy, y fui a un centro comercial con mi marido, y me encantó porque todo el mundo me miraba. Me sentí una mujer diferente, no sé… Mi cabello, mi manera de caminar, todo cambió en mí. Me sentí distinta, más bella, no sé…Pero a la semana siguiente me puse la misma blusa y ya no llamé tanto la atención. Y a la siguiente semana, nadie reparó en mí: por eso quiero hacerme otra operación, y no sé si voy a poder. Creo que para mí ya es un vicio, dice y se ríe.

– ¿Y ahora? ¿qué le dicen?
– Cuando comento que me operé, me dicen : “No parece”, y ese comentario me mata. Es que las tetas bajan. Una cree que se van a quedar siempre igual y no es así, el peso las hace bajar, le piel cede… -dice con tristeza.

– ¿Recomendaría entonces la cirugía?
– Sí, a todas las mujeres, a cualquier edad. Porque la ropa luce más bonita cuando una está operada.

 

Petruvska Simne es comunicadora, y escritora.
 
 

 

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2 comentarios to “CRÓNICAS DEL ACOSO”

  1. Marianella Durán Says:

    ¡Excelente trabajo Petrusvka!, voy a rebotar parte de él en la página de Tal Cual y menciono esta página que están haciendo. También felicito a Gabriele Merz por los datos que menciona.
    Besos

  2. erika Says:

    excelente página, la variedad y novedad de los artículos son muy interesantes y prácticas…sugieren ir a la acción para ver qué pasará más allá de los intintos básicos de vida…muy bien!

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