EL RINCÓN DE MINERVA

GEGO, ES DECIR, GERTRUD GOLDSCHMIDT

VERO_Pass3Verónica Jaffé

Discurso (completamente ficticio) de su excelencia, doctora X, presidenta (ficticia) de la República de Venezuela, pronunciado con motivo de la inauguración de la Gal-Go –la Galería “Gego” para las Artes en Venezuela (también ficticia) –, en Caracas, el día 14 de agosto del 2008.

Señoras y señores, muy buenas noches:

Tengo el grandísimo honor de darles hoy la bienvenida en estas salas tan hermosas que están dedicadas a las artes, a todas las artes de todos los tiempos y todas las formas que se han creado o se están creando en este nuestro país.

Y me honra tanto no sólo por poder rendirle homenaje así, como primera presidenta mujer de Venezuela, a otra mujer, a una gran artista, sino porque además le rindo homenaje a una gran venezolana.

Porque es precisamente con el nombre de Gego, esa gran maestra de “las formas leves para espacios libres”, como dijo alguna vez una experta, que queremos dedicar estos espacios a todas, todas las artes hechas en Venezuela.

Gego en sus reticulareas - Foto 1

Gego y sus reticularias

Permítanme unos minutos para explicarles las razones.

Primero hablaré de los espacios físicos de esta nueva galería. En efecto se trata de dos lugares bien distantes uno del otro. Uno está aquí en Caracas, en esta urbanización llena de árboles y con nombre fresco que se llama Los Chorros. En esta quinta que lleva el nombre de Urape.

Eso se explica fácil. Se trata de una casa diseñada y construida por la misma Gego y donde vivió unos pocos años de su vida, entre 1948 y 1951. Casada, con dos hijos. Y ya sin dedicarse a los trabajos artesanales en su antiguo taller en El Valle. Es una casa muy amable, muy amplia, muy abierta al bellísimo jardín tropical.

Ahora le hemos tumbado algunas paredes, abierto algunos ventanales más. Y miren el resultado. Está perfecta como espacio de exposición.

La otra es una casita más pequeña, más modesta, que no es obra de Gego, pero donde vivió la artista entre 1953 y 1956, después de divorciarse, después de nacionalizarse venezolana, con Gerd Leufert, el gran diseñador gráfico, su compañero de vida, de artes y de oficios. En aquella casita en Tarma, pueblito montado en una ladera de las montañas de la costa, cerca de Carayaca, empezó Gego a trabajar en serio como artista.

Hoy acoge en sus espacios remodelados y en sus anexos nuevos la segunda sede de esta nueva galería.

Los dos lugares tan diferentes explican la primera razón por la cual el nombre de Gego le va como anillo al dedo a esta nueva galería en dos espacios: como mujer y quizás también como madre Gego siempre prefirió los espacios más recogidos y pequeños de las casas o de los edificios de apartamentos. Lo de ella nunca fueron los grandes museos, los espacios públicos inmensos, como por ejemplo un aeropuerto, una autopista, una plaza grande, una sala de máquinas de una fábrica. Esos sitios eran donde a sus contemporáneos artistas, hombres, del cinetismo abstracto les gustaba exponer sus obras también inmensas.

Lo de Gego no eran los espacios inmensos. Así es que estas dos casas le van mejor a su obra y a su idea de lo que es el arte.

Y eso me lleva a la segunda razón por la cual esta galería se llama con su nombre: para Gego no había artes grandes y pequeñas, artes importantes y artes poco importantes, artes serías y artes sólo decorativas o útiles, es decir, artes y artesanías. Ella misma, como arquitecto que era de profesión, sabía que las diferencias no son tantas entre las dos. Ella misma diseñó muebles y lámparas y artículos del hogar cuando empezó a trabajar en su taller caraqueño.

Y por fin hay una tercera razón para llamar a esta galería la “Gal-Go”: Porque ella misma pertenecía a varios sitios y a varios espacios y no sólo a uno. Porque había nacido en Alemania, pero esa patria la expulsó y ese espacio se lo quitaron. Porque acá encontró una nueva patria y se hizo su espacio propio. Se lo hizo ella misma. En todo el sentido de la palabra.

Permítanme contarles muy brevemente cómo lo hizo.

Gego nació en Hamburgo en 1912, y en esa ciudad “libre”, es decir, ciudad que no dependía de ningún otro Estado, se crió. Nació en una familia adinerada, de banqueros, de ascendencia judía pero no muy religiosa. No fue a la escuela normal y corriente sino pocos años, porque era desde pequeña “sensible” y un poco enfermiza, y porque no quería ir a escuelas sólo para niñas, y porque ya desde pequeña era terca y sobre todo muy independiente.

Cuando llegaron los nazis al poder está estudiando arquitectura en lo que se consideraba entonces una buena escuela técnica y que hoy es una universidad, y allí hace pasantías en talleres de carpintería, en oficinas de arquitectos, con pintores de casas y edificios. Aprende el oficio desde lo más básico, digamos.

Pero ni la mejor educación le sirve de mucho. Su profesor guía le recomienda irse corriendo del país. Vienen los tiempos terribles para los judíos en Europa. Gego se va de Alemania. Le toca quedarse hasta el final de la mudanza de la casa de sus padres. Cuando todo se ha empaquetado y mudado, cuando la casa está vacía, Gego cierra con llave y lanza la llave al río. Un espacio que se había cerrado para siempre.

Su espíritu de aventura y su curiosidad la traen a Venezuela. Le habían conseguido una visa y comienza a hacer trabajitos pequeños, asistiendo y dibujando planos para algunas construcciones y otros encargos pequeños. Aquí en nuestro país habían pasado los tiempos oscuros de la dictadura de Gómez y dejaban entrar a mucha gente como emigrante porque se necesitaba mucha mano de obra.

En 1942, en plena guerra, se casa y monta un taller de muebles y lámparas en El Valle. Vienen sus dos hijos y Gego quiere dedicarse a ellos. Por eso cierra el taller. Se muda a la casa de Los Chorros, que ella misma ha diseñado.

Y viene el doloroso golpe de la separación y del divorcio. Y Gego hace entonces varias cosas. Se va de su casa. Y se muda con el diseñador lituano-alemán Gerd Leufert a Tarma. Se hace venezolana.

Y en Tarma se hace artista. Porque allí comienza a trabajar en serio, con dibujos, acuarelas, collages, monotipos, xilografías. Regresa a Caracas. Comienza sus trabajos en tres dimensiones, que nunca llamará esculturas, porque no tienen nada que ver con las formas sólidas, macizas, pesadas de las esculturas normales y corrientes puestas firmemente en un solo lugar. Lo que va a hacer Gego desde entonces es todo lo contrario a lo pesado y macizo. Todas sus obras son ligeras, son frágiles, son casi transparentes. Y se las puede cambiar de lugar.

Hasta su famosísima red de pequeños triangulitos amarrados como en mallas que caen del cielo y que se llama “Reticulárea”, la han instalado en varios sitios.

Reticulareas de Gego

Reticuláreas de Gego

Todas las obras de Gego, sean instalaciones, sean dibujos, sean grabados, sean sus “chorros”, sus “bichos”, sus “dibujos sin papel”, sean sus “tejeduras”, siempre, siempre serán así: ligeras y libres. Se abren a sus espacios. Crean sus espacios. Porque sus líneas no son paralelas rígidas, sus círculos se interrumpen donde no deberían, sus cuadrículas se rompen, lo que debía tener dos dimensiones tiene tres, los marcos ya no son marcos sino parte de la obra, y los tejidos no son de hilos sino de papel.

Gego nunca habló mucho pero sonreía casi siempre. Sus obras también.

Gego nos enseñó la lección más importante que nos puede dar el arte moderno: no podemos, no debemos limitar los espacios ni mucho menos imponerle formas.

Todos los otros artistas, como los políticos también, creyeron saber qué hacer y cómo hacerlo, qué formas hacer y qué espacios llenar con ellas. Usaron materiales nuevos, pesados y macizos, montaron instalaciones enormes, perfectamente cuadradas o redondas, construyeron grandes espacios, rígidos y ascéticos de tan limpios y los llenaron de esculturas y formas.

Los de Gego eran espacios menos perfectos, pero libres, propios, bellísimos.

Gego se hizo sus propios espacios y mostró sus límites y sus imperfecciones, sus pequeños detalles, sus ganchitos irregulares, sus alambritos doblados, sus marcos rotos.

Con ello Gego le hizo un grandísimo regalo a Venezuela: le regaló la modernidad en el arte. La verdadera, la que está consciente de sus fallas y debilidades, la que se sabe diversa e irregular. La que mantiene sus distancias y se sabe precaria en los lugares que ocupa. La que ironiza sobre los grandes proyectos, los grandes planes, las grandes ilusiones.

La que sabe que las utopías no existen, y que esa palabra significa un no-lugar. La que por eso se construye sus propios lugares y sus propios espacios, a la medida de nuestras propias posibilidades, y debilidades.

Hoy, cuando hemos aprendido, ojala para siempre, que ni las mejores intenciones, ni los sueños más bonitos, ni los proyectos más nobles, ni los “procesos” más perfectos, ni los hombres más “nuevos” nos llevan a ninguna parte, los espacios de modernidad, con su finísima ironía, con sus bellísimas formas que nos regaló Gego, serán una lección importantísima para nuestro país y el de ella: porque es una lección de cómo vivir nuestras vidas, de cómo juntarnos en nuestras ciudades, de cómo no olvidar jamás, ni en lo individual, ni en lo político, nuestra precariedad, es decir, nuestras fragilidades, nuestras debilidades.

Lo menos que podíamos hacer hoy era agradecer a Gego, nuestra maestra moderna, y rendirle tributo con esta nueva galería para las artes venezolanas.

Muchas gracias.

Verónica Jaffé C. Licenciada en Letras. Doctora en Literatura Alemana. Dirige el sello editorial Angria. Traductora de: Gottfried Benn, Else Lasker-Schüler y Holderlin: Ha publicado: El arte de la pérdida 1991, El largo viaje a casa 1994, La versión de Ismena 200.

images-1

LUNAS MERIDEÑAS 2

María Josefa Pérez

Hoy, antes de dedicarme a mis múltiples ocupaciones de supervivencia, vine temprano a un ciber en el pueblo de Tabay, a escribir a mis amigas de La Luna Azul.

Amanecí pensando en una señora que he conocido en estos días, que fundó hace seis años una cooperativa para fabricar cazabe en Puerto Ayacucho. Tal como ocurrió en la inmensa mayoría de las cooperativas surgidas en los últimos años en nuestro país, al principio eran treinta personas pero, tras un complejo proceso, quedaron cinco personas. Ella asumió entonces la responsabilidad de la administración que nadie quería asumir. Lleva nada menos que doce libros de contabilidad, más el trabajo de contratar la mano de obra para cultivar, pelar y rayar la yuca, más la mano de obra que cocina las tortas de cazabe, más el trabajo de empacar y vender el producto, y la posterior repartición de gastos y ganancias…

Ella vino a Mérida a visitar a su hija que vive aquí, aprovechó para hacerse un tratamiento medico y varias terapias pues tiene la columna con tres hernias, la cadera con los cartílagos vencidos, y problemas en las dos rodillas… ¡por el estrés de todo este trabajo productivo! Vino a descansar unos días, y disfrutar del clima de esta región.

Pico Espejo

Pico Espejo

Les cuento que por aquí el clima está muy cambiado, hace mucho más calor que antes, llueve menos… Pero todavía vivimos casi dentro de la montaña, a pesar de que ésta ya no se manifiesta como hace veinte años, cuando se sentía su energía y se veían fenómenos naturales energéticos constantemente brotando de ella, en comunión con el cielo que a veces se tornaba de un azul celeste muy profundo…

En estos lugares ya hay una población muy urbana, mucha gente que vino huyendo de la presión citadina, pero que se trajo consigo ese estrés y, lejos de integrarse a un ambiente más natural, ha estado imprimiendo aquí la marca de la vida urbana, con su desorden, su intolerancia, su soberbia y su estilo consumista, sin que se haya logrado un equilibrio. Lo cual se traduce en un híbrido entre lo agrícola en decadencia y lo urbano caótico. A pesar de que surgió un elemento como el turismo, que podría unificar y construir algo armónico, lo que se desarrolla es más caos pues todo esto se inscribe irremediablemente dentro de un rumbo a lo desconocido.

Tr√°fico en Tabay

El tráfico en Tabay

Es decir que, incluso en estos bucólicos parajes merideños, vivimos ahora a diario una vorágine, un estira y encoge en el cual se manifiesta aquella original filosofía autóctona que dice: “Como va viniendo, vamos viendo” de nuestro filósofo vernáculo Eudomar Sánchez quien, paradójicamente, se asemeja a todos esos pensadores orientalistas que tanto ha escrito sobre el vivir en el aquí y el ahora…

En fin, esta eterna niña que hace más de cincuenta años meditaba con el polvo cósmico, ahora medita para poder sobrellevar la vida cotidiana y poder seguir enfrentando este reto de no saber hacia dónde vamos. Cada día hay una limitación más, un obstáculo más. Me acuerdo tanto de mi madre, refugiada española que decía que las guerras y las revoluciones no sirven de nada… Sin embargo, en su ser permanecía la fe en la vida y en el espíritu.

Luego de haber conocido en mi vida tantos personajes maravillosos y lugares hermosos donde poder fundar una mejor vida natural, con equilibrio entre el modernismo y la tecnología pero sin perder los valores y la esencia de este país tan bello, vivo en la incertidumbre. Claro, esto puede asumirse como un reto creativo, así que cada día se me ocurre hacer algo. Como, por ejemplo, cuando me queda tiempo, escribir algún relato, pintar una pancarta con paisajes para llamar la atención sobre la destrucción del follaje y la contaminación del agua, dar algún taller, alguna charla a los vecinos acerca de cómo podemos, cada uno, intentar hacer un trabajo comunitario de utilidad, o venir un rato al ciber del pueblo, para poner por escrito estas ideas que me pasan por la cabeza…

Ahora, mis obligaciones cotidianas me llaman. Espero tener tiempo para seguir escribiendo en La Luna Azul. Un abrazo a todos los lectores.

María Josefa Pérez es comunicadora social

images-6


¡GRACIAS ATENEO DE CARACAS!

La Luna Azul - Inocencia Orellana

Inocencia Orellana

Como diosa de la razón, pero también de la paz y de las artes, la diosa Atenea estuvo contemplativa ante los hechos cumplidos, sumida en la reflexión frente a los impulsos que recientemente despojaron de su sede al Ateneo de Caracas, como buscando razones y reflexionando sobre lo que pasaba en un espacio que siempre fue neutral, para recibir las ideas que hombres y mujeres presentaban ante la comunidad venezolana, para la elevación no sólo del pensamiento sino también del espíritu.

ateneo

El pasado 28 de junio, el Ateneo de Caracas dejó la sede que había ocupado, concedida en comodato desde el año 1983 por el gobierno nacional. Seguí con interés toda la lucha que se libró para permanecer en ese espacio. Debo confesar que en verdad nunca pensé que se concretaría su salida. Me quedé perpleja. Recordé tristemente todos los bellos momentos que pasamos en sus salas: ¡Cuántas reuniones! ¡Cuántas exposiciones! ¡Cuántos acuerdos y desacuerdos entre mujeres! ¡Cuántas solidaridades! ¡Cuántos acuerdos nacionales e internacionales! Cuánto trabajo por una sociedad mejor, más humana, fraterna!

Para las mujeres sin distingo de nacionalidades, el Ateneo tuvo y tiene un significado muy especial. Fue como la casa de todas: cuando no teníamos espacios donde reunirnos, su presidenta, María Teresa Castillo, nos abrió sus puertas, consciente de las luchas que debíamos librar para la conquista de nuestros derechos y el reconocimiento a ocupar espacios en la sociedad que se nos habían negado hasta ese entonces. En el Ateneo de Caracas, allí todas encontramos acogida.

No importaba el color político: las comunistas, las masistas, las adecas, las copeyanas, las mepitas, las urredistas. No importaba el credo religioso: las cristianas, las católicas, las ateas, las presbisterianas. No importaba si eran feministas o no. Siempre fue un lugar de encuentro. Hablábamos de lo que facilitaba la unión, mas no de lo que nos dividía. En eso, la lucha por los derechos de las mujeres era más que un eje transversal, era un norte que guiaba nuestros sueños.

images-2

Cuando se creó la Coordinadora de Organizaciones No Gubernamentales de Mujeres (CONG), en el año 1985, muchas de las reuniones, de los talleres, de los encuentros se dieron en el Ateneo, pues no se contaba con sede propia. Ahí soñamos un movimiento de mujeres fuerte, con metas a lograr. Muchas de las mujeres que ahora están como diputadas en la Asamblea Nacional estuvieron en la CONG y en el Ateneo de Caracas.

Recuerdo que al regreso de la Cumbre Mundial de las Mujeres realizada en Nairobi en 1985, se organizaron varios talleres sobre la Reforma a la Ley del Trabajo, con Rafael Caldera, para entonces ex-residente de la República, senador y proyectista de la Ley. Ahí, en el Ateneo de Caracas, las dirigentes políticas, nuestra querida Argelia Laya, Lisbeth Guevara, Adicea Castillo, entre otras, liderizaron junto con Gioconda Espina y todas las organizaciones de mujeres de la CONG, los Círculos Femeninos Populares, el Programa de Mujeres de CESAP, la inclusión de los derechos de las mujeres en la ley del trabajo. Fue una discusión amplia, con duras confrontaciones de ideas, emplazamientos a los políticos, pero con resultados muy positivos. Aunque no se alcanzó todo lo que se esperaba, públicamente las mujeres dejaban de ser invisibles para exigir sus reivindicaciones. Se escribía otra página de nuestra historia. Fue el diálogo, el sentarse juntos aunque se pensara distinto lo que hizo posible el avance. Aprendimos, crecimos y valoramos la lección.

¿Como no recordar el caso de Inés María Marcano, toda la lucha que se libró por su liberación y el reconocimiento al derecho de las mujeres pobres a la recreación? Fue en el Ateneo de Caracas, donde se llevaron a cabo las discusiones de tan triste caso.

Pero también hubo fiestas. En marzo de 1988, nuestra consigna fue: ¡Las mujeres toman el Ateneo! Con María Elena Ascanio al frente de la coordinación, se organizó la agenda del mes de marzo: las mujeres de los barrios tuvieron su participación y el reconocimiento en el “Concierto de Todas Juntas”. Canciones interpretadas por la Chiche Manaure, Gloria Martín, Grupo de Música Latinoamericano, las Hermanas Tortozas, entre otras. Todo un acto cálido, con sabor de pueblo y de hermanas. Fue el gran encuentro de todas las mujeres.

images-1

La crisis, la deuda externa, el liderazgo, la mujer en la historia, las diferentes caras de la violencia, las estrategias de sobrevivencia, fueron algunos de los temas tocados en sus salas. Nos convocaba el país y sus problemas.

Los encuentros de los Círculos Femeninos Populares, con sus mujeres de todos los rincones del país, llegaron al Ateneo, con sus maletas preñadas de sueños, de ilusiones de un país mejor, más seguro. Cada año se dieron cita con los representantes gubernamentales encargados de la política social y a veces de la política económica, para emplazarlos a tomar en cuenta sus peticiones elaboradas previamente desde sus estados por las propias madres y amas de casas, obreras y estudiantes.

Es decir, el Ateneo de Caracas fue ese lugar para la reflexión, el análisis de la situación del país, la confrontación de ideas, pero también el lugar para la elaboración de propuestas con sabor de pueblo. Muchos de los derechos de las mujeres recogidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela del año 1999, fueron productos de esos encuentros a lo largo de los años en estos espacios y en muchos otros también.

Por eso, queremos decirle a su presidenta, María Teresa Castillo, ¡gracias! A su Junta Directiva, a Carmen Ramia, ¡gracias! Los venezolanos y venezolanas solemos ser agradecidos, y no queremos dejar pasar la ocasión para testimoniar nuestro agradecimiento.

mariat45

María Teresa Castillo

En nuestros corazones tendrán siempre un lugar. Un cariño y, por qué no, una oración para que el Señor les provea de una sede propia. Para los chinos, las crisis tienen dos caras: una es de la muerte y la otra es de las oportunidades. Nosotras apostamos por esta última, somos paridoras de la vida, por lo tanto será un parto más, otra oportunidad para brindar al país y a sus mujeres una nueva etapa, una nueva casa que nos cobije a todos y a todas. Mientras tanto, la diosa Atenea seguirá promoviendo razones para crear espacios para la vida, para la paz, para el encuentro de las artes, para la convivencia y el amor. Ese espacio se llama diálogo.

Inocencia Orellana ha sido co-fundadora de varias organizaciones de mujeres, tanto en Venezuela como en América Latina. Forma parte del Grupo de Trabajo en Educación de la Red de Educación Popular Entre Mujeres de América Latina y el Caribe (Repem). Es docente de la Universidad Católica Andres Bello y la Universidad Simón Rodríguez.

Páginas: 1 2 3 4 5

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: