LA OTRA HISTORIA

MUJERES QUE SE ENFRENTABAN EN DUELO

  

  Mucho antes de las manifestaciones de las sufragistas inglesas de principios del siglo IX, ciertas mujeres asumieron una práctica considerada como esencialmente masculina: el duelo.

El duelo fue una práctica surgida en la Edad Media, cuando el combate judicial o “juicio de Dios” era admitido ante los tribunales como prueba jurídica de que la verdad asistía al contrincante ganador. En ciertas circunstancias, las mujeres habían ejercido esta práctica de manera indirecta, a través de un representante que, en caso de derrota, terminaba con la mano cortada para evitar que volviera a mal defender la causa de otra mujer.

Con el tiempo, la práctica del duelo dejó de servir como revelador de la inocencia o la culpabilidad para pasa a ser una forma de salvar el honor. Pero siguió prohibido a las mujeres, excepto en los países escandinavos, donde los hombres podían retar a una mujer, pero ésta gozaba de una ventaja: para equilibrar la situación, el hombre se metía hasta la cintura en un hueco cavado en el terreno, armado con un mazo; la mujer quedaba libre de sus movimientos y daba vueltas alrededor de él tratando de alcanzarlo con una piedra lanzada mediante una honda; si el hombre golpeaba tres veces con su mazo sin haber alcanzado a la mujer, quedaba derrotado.

Madame_de_Nesle_retratada_por_Jean_Marc_Nattier

Madame de Nesle, retratada por Jean Marc Nattier

 

Madame de Polignac retratada por Vigée Lebrun

Madame de Polignac, retratada por Vigée Lebrun

El cardenal de Richelieu relató en sus Memorias un duelo que opuso a dos famosas cortesanas, la marquesa de Nesle y la condesa de Polignac. La causa del duelo fueron los celos, pues ambas damas eran amantes del cardenal. El encuentro tuvo lugar en el bosque de Boulogne, y el arma escogida fue la pistola. La condesa de Polignac hirió levement a la marquesa de Nesle en el pecho, y ésta declaró a los asistentes que se sentía feliz de haber derramado su sangre por su amante, y que esperaba haber logrado así su amor exclusivo…

La más célebre duelista en faldas fue la Maupin, actriz nacida en 1673. Había sido amante de un maestro de esgrima con el que montaba asaltos públicos para ganarse la vida, antes de montar una troupe de teatro ambulante. Mujer intrépida y de vida disoluta, la Maupin retó a un caballero Dumesnil, quien se negó a combatir con ella. Poco tiempo después, en un baile, se enfrentó con tres caballeros que acompañaban a una dama a la que la Maupin deseaba conquistar, y los mató a los tres. Pidió y obtuvo el perdón del rey.

Posteriormente, en la sociedad libertina y permisiva del siglo XVIII, ciertas cortesanas empezaron a poner en práctica esta manera de dirimir los celos amorosos. Y con el paso del tiempo esta práctica dejó de ser exclusividad de las damas de la aristocracia para ser aceptada por las de la burguesía.

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Al iniciarse el siglo XIX, en la mayoría de los países europeos el duelo –masculino o femenino– fue prohibido por las leyes. A pesar de lo cual, en Bélgica, una francesa y una alemana se enfrentaron en duelo por el amor de un joven pintor. Ambas antagonistas acudieron con sus testigos y sus pistolas. Contaron veinticinco pasos, se voltearon, dispararon y se fallaron. La alemana insistió en reanudar el duelo pero los testigos se opusieron y desarmaron a las dos damas que, contraviniendo la tradición en caso de empate, se negaron a reconciliarse.

En 1833, en Dublin, una mujer desafío en duelo a la amante de su marido y la mató de un espadazo. Los familiares de la víctima le entablaron un juicio pero el jurado dio un veredicto absolutorio tras haber reconocido el peligro asumido por ambas partes había sido el mismo.

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Otro sonado caso durante el siglo XIX tuvo lugar en el suroeste de Francia. Dos damas se disputaban los favores de un joven propietario, y el diario local asistió al encuentro y publicó una crónica, dando cuenta de que el 4 de mayo de 1868, a las dos de la tarde, el duelo se llevó a cabo con testigos, dos pistolas y dos balas, contando veinte pasos, en un claro del bosque de Pessac. Con el primer disparo, una de las damas fue alcanzada en la cadera y los testigos declararon el final del duelo. A los pocos días, todos los involucrados fueron citados a los tribunales y condenados a quince días de cárcel.

Los duelos femeninos no siempre opusieron a dos damas. A veces, alguna enamorada frustrada provocaba en duelo al culpable de su despecho. Y si bien el duelo entre hombres respondía a cuestiones de honor, las mujeres recurrían a esta práctica en un movimiento de ira y rencor.

JM Bruguière – G Ducrey.
Versión de P. Lelard.
Revista Historia nº 410, París, enero 1981
Traducción: Amelia Hernández

 

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Una respuesta to “LA OTRA HISTORIA”

  1. catalina soler Says:

    Me gustó mucho el articulo, aunque creo que falta el final de la vida de Juan Vicente Gómez, el otro, ó primer dictador de Venezuela.

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