OCURRENCIAS EN EL SOLAZ

ACRÓSTICO

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 Isabel Garnica

Idiosincrasia, imaginario popular, creatividad, poca resistencia al ridículo, cualquiera de éstos aspectos es válido como explicación a una costumbre yaracuyana de pagar espacio en los diarios regionales para dar felicitaciones de cumpleaños, aniversarios de noviazgo, matrimonio y concubinato, graduaciones, días de la enfermera, del maestro, santo, promociones profesionales y todo aquello que requiera de una celebración especial.

Sorpresa” -así, encomillada en vez de exclamativa- es la palabra que encabeza generalmente estas felicitaciones públicas. Como si de verdad el agasajado se llevara una sorpresa cierta. Aunque, vistos los agasajos públicos, a veces sí que son sorpresivos cuando los trapos salen a relucir al sol. Cuando la foto del o de la festejada nos muestra que es poco agraciado (a), pasado de kilos o de años, recurren al corazón grande, a lo maravillosa que es la vida junto a ellos, a la probidad de sus acciones.

Ah, pero si se trata de una jovencita agraciada, entonces se dice que es la “flor más linda del jardín”, se ensalza la juventud, la firmeza de las carnes, y las fotos pueden resultar elocuentes a este respecto, pues las muchachas cumpleañeras aparecen en fotos con poses sugestivas y sensuales, acompañadas de un texto enaltecedor que termina con las bendiciones y los saludos de padres, hermanos, tías, generalmente con diminutivos: la tía Yayi que tanto te quiere, la tía Yixi que te consiente, la tía Yuli que en especial te felicita, y la abuelita Hortensia, de nombre cristiano, que te manda las bendiciones.

Bebés y niños pequeños son asiduos de las páginas sociales sanfelipeñas y yaracuyanas en general. El “príncipe de la casa”, “la consentida de mami y papi”, “los traviesos”, y hasta los que -gracias a padres más permisivos- “tumban la casa porque su pasión es el fútbol” o tienen como trabajo “ser la alegría familiar”. Aparecen en las fotos sobre la cama, con el teléfono de juguete en la mano, con la maraquita, en el momento de su primer agu-guu, con unos lentes de sol que son el doble de la cara, y un largo etcétera…

Estos niños y niñas y jovencitas en flor tienen en común que son las generaciones Y, W, K, emulando a Yoanni la bloguera cubana de Generación Y, pues los nombres están salpicados por estas tres letras, con el agregado “autóctono” de los nombres terminados en “annys”, así Yuli es Yuliannys, Karla se convierte en Karliannys, y gracias al sufijo en cuestión Wilmar pasa a ser Wilmiannys. En el caso de los varoncitos, las madres cuidan de que el segundo nombre sea pronunciable para abuelos y maestros, así Yoineker es Yoineker José, Hafferson David, Broderick Antonio, por lo que en caso de emergencia el muchachito pueda ser gritado: “¡José, muchacho, bájate de esa mata!” en vez de “¡Rinnieiker, Yoineker, bájense de esa mata!”

Los hombres, jóvenes y no tanto, tienen dos modalidades de aparición en éstas felicitaciones públicas. Están por un lado los de pelo e’guama, recios, de esos que tienen como principio aquello de que “macho que se respeta no aparece retratado en prensa”, pero a los que sus esposas sustrajeron a escondidas -suponemos- una foto del álbum familiar y bajo la palabra “Sorpresa “ escribieron algo como esto : “Para el REY de la casa…a pesar de tus molestias y de que a veces te gusta salir con tus amigos hasta tarde…nunca nada nos ha faltado a tus hijos y a mí, has sido el hombre de la casa…y a pesar de lo que la gente diga, yo soy tu esposa y la madre de tus hijos…” Sólo por un momento, imaginemos el tormento de la señora después de su acto de audacia al haber ventilado públicamente las andanzas del marido bajo la excusa de ¡Feliz Cumpleaños! Eso si que fue ¡sorpresa! Están también los más jóvenes, a los que sí les gusta aparecer en sociales. Llevan lentes, la foto es como quien no quiere la cosa, al descuido, recostados en la Jaguar que les costó sus buenos reales, ratificando su hombría botella en mano. Estos ejemplares a veces están fotografiados junto a sus “mamis”, las que se llaman Karliannys Suczed y que son las autoras de algo como esto: “Sorpresa, hoy está de cumpleaños el amor de mi vida… Kendri, junto a ti siento que llegué a las estrellas, eres lo máximo para mí, juntos enfrentamos todos los problemas, nadie podrá separarnos, y puedes contar conmigo. Te amo. Karliannys.”

Gorditos simpáticos, que sin ningún pudor ofrecen sus redondeces pronunciadas a la cámara y que cumplen ya los “ticinco”, son blanco de burlas de sus amigos y familiares. Una botellita y una copa con burbujitas son las viñetas escogidas para estos cumpleañeros, a los que se les recuerda la última “kurda” memorable, la de “cuerpo cobarde” como la canción de Gualberto Ibarreto, o la última paliza en el dominó, o la desdicha que lo acompañó porque su equipo de béisbol no clasificó.

Acrósticos que resaltan la belleza, la honestidad, la inteligencia y el carácter de los agasajados que, por sus particulares nombres, enredan la vida a quienes tienen la misión de escribir el acróstico, así que los que empiezan con Y tienen algo como: “Yo sabía al verte nacer que…” O éste, más creativo: “Yuvia, lluvia caía…” Algo había que hacer con Yonny.

Rimas clásicas y forzadas, son recursos lingüísticos de estos acrósticos: “Eres la flor de mi jardín, tu nombre huele a jazmín… aunque tu amor no me corresponde, yo sé que a más nadie oyes…” Y este último: “Eres el tesoro de tus padres y maestros, abuelos y tiítos, estamos felices porque llegas a tus dos añitos.”

Ningún aviso de los que revisamos por más de cuatro semanas en Yaracuy, y que aún revisamos con absoluto deleite, puede ganarle a una felicitación que apareció destacada. Se trataba de un militar, la foto era la del cumpleañero vestido con su uniforme, muy serio y mirando a la cámara. Los firmantes de la nota eran el padre, los hijos y hermanos, y luego del: “Hoy arribas a un año más de vida, pedimos al Todopoderoso que te conceda salud, etc…”, decía: “Porque a pesar de que eres mujeriego y la gente dice que eres pichirre, a tus hijos no les ha faltado nada, bla, bla, bla…” A los dos días salió otra nota, con la misma foto, ésta vez firmada por la madre del cumpleañero pidiendo disculpas por el papá, en los términos de: “Tú sabes cómo es él, tú sabes que él te quiere pero es muy echador de broma.”

Ires y venires, andanzas sociales en San Felipe y otras ciudades y municipios, estas notas pagadas como avisos vienen a ser la crónica social de la yaracunidad…Ni las de Pedro J. Díaz, decano de éste género en las páginas de El Nacional, ni Roland Carreño, ni más recientemente Osmel Sousa, tienen la jocosidad y la autenticidad de éstas líneas, que obviamente no han sido concebidas como totalidad, pero que a fuerza de convertirse en modelos de unos y otros, han conformado entre todos un estilo.

Cursis, sí que lo son. Y bastante. Pero es la cursilería del que no tiene referencias para ser distinto. Como bien señala el fotógrafo Nelson Garrido en sus múltiples intervenciones, enunciando lo que es su Estética de lo feo, lo cursi está presente a diario en la política, en las universidades, en las calles y, por supuesto, en la vida diaria. Y cita como punto máximo de la cursilería los “peluches” colocados en las tapas de las pocetas y con los que envuelven el papel higiénico. Tan cursi como esas notas sociales es un slogan de una tienda en San Felipe: “Mermelada de ofertas, una dulzura de precios”. No imaginamos lo empalagosa que debe ser la atención en la tienda.

Apenas hemos esbozado uno de los aspectos genuinos de estos lares. Más adelante dedicaremos esfuerzos a los nombres imperiales de los establecimientos en San Felipe, casi siempre con el valor agregado de “Atendido por sus propios dueños”, y con la hiperbólica afirmación: “El mejor en su estilo”. Por ahora, y por si no se han dado cuenta, nuestra crónica es un acróstico para ustedes.

Isabel Garnica es comunicadora social

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HIJOS DE ÚLTIMA GENERACIÓN

Foto RosanaRosana Hernández Pasquier

Maigualida Albano, mi vecina y amiga fue quien me abrió los ojos. Me hizo ver con claridad lo que representan para nosotros, las verdaderas ataduras y mortificaciones que nos ocasionan. Porque, ciertamente, no se trata de cualquier menudencia, se trata nada menos y nada más que de los hijos de hoy.

En mi caso, había renunciado a la maternidad desde los tiempos de mi primera juventud, no por falta de amor sino por demasía. Estoy convencida de que mi sentimiento de protección puede dañar de manera definitiva a cualquier criatura que esté bajo mi crianza y tutela. Por ello, y no es nada sencillo acallar las ganas del vientre y el corazón, renuncié. Se agradece, para una cabal comprensión, no confundir las ganas del vientre con las de la vagina. Eso es otra cosa y otro tema muy distinto.

Como les venía diciendo, en estos asuntos no es una quien dispone, por eso ahora ando con el mío para arriba y para abajo, y libréme Dios de que él falte unos minutitos porque me siento sola, inútil, perdida, desamparada, incomunicada.

Los hijos de hoy nos generan una dependencia adictiva. Imposible separarnos de ellos. Sé con propiedad que usted también está pasando por esta situación. Sí, les hablo de nuestros nuevos bebés y no negarán que ustedes están aferrados, como unos locos, a sus pequeñas criaturitas.

Lo bueno es que estas nuevas formas de paternidad tienen, como todo, sus ventajas. Padre y madre cuidan a su baby por igual. Es de destacar que no hay referencias de personas del género masculino que, habiendo adquerido esta responsabilidad, dejen abandonado al chaval, lo nieguen o no se hagan responsable de él. Tampoco se conocen cifras de castigo, golpizas, palizas por errores o mejor dicho por imperfecciones del peque, ni por parte de la madre ni del padre. La desventaja en estos aspectos está registrada en la maternidad y paternidad precoz. Jóvenes y niños que creen que son un juguete. Seguramente la falta de criterio hace que su conducta sea inadecuada: lanzan a los pequeñines, los dejan tirados, abandonados en cualquier lugar sin reflexionar mucho sobre las consecuencias.

Teléfonos celulares

Estos hijos de hoy no son para nada independientes. Hay que cargarlos perennemente atados a la cintura o guindando de la faltriquera como diría mi abuela trujillana. Uno tiene que andar pendiente de sus atavíos, sus protectores, sus forros, sus estuches, y pare usted de contar. Pero hemos domeñado tanto estás faenas que no nos percatamos de los trajines y cuidados que les prodigamos. Y ni hablar de la noche, porque a la hora que chillen hay que salir corriendo con el corazón en la boca para ver qué pasó.

Como todo, hay que estar muy pendientes de su crecimiento y el mismo, por si no lo sabía, tiene mucho que ver con la nacionalidad de su criatura. Si es coreano, francés, gringo, chino u otra… A este respecto la decisión, que siempre es suya, es determinante. Sin embargo si su hijo es de última generación, no importa el país de origen, podrá crecer sin ningún tipo de problemas, eso está totalmente garantizado. Peeeero, aquí sí hay una verdadera y muy grave limitante: si el suyo es un tereque de nacionalidad desconocida que mientan El Vergatario, bueno… qué le podemos decir. Sin comentarios.

Rosana Hernández Pasquier es poeta, ensayista, editora y promotora cultural. Premio de dramaturgia de la Alcaldía de Girardot, 2008.

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LA PARTIDA DE MI ÁNGEL DE CUATRO PATAS

AnaIrinaAna Irina Rodríguez León

Desde que tengo uso de razón, he sufrido el inevitable impulso de imaginar la probabilidad más trágica de muchas de las cosas que suceden a mí alrededor. Hasta ahora no sé si será parte de una vena dramática de mi personalidad, o como lo llamaría mi madre, un impulso insano que debo refrenar; pero cuando mi mente se desata en tal sentido de poco sirve tratar de evadirlo como pensamiento negativo y censurable. Se manifiesta, pasa raudo y desaparece, dejándome muchas veces indiferente y otras tantas con una leve sensación de temor, que se desvanece con el paso del tiempo o en lo inmediato queda arropado por la realidad.

Cuando la Canelita cruzó la frontera de los nueve años, y comenzaron a notarse en su organismo todos esos síntomas propios de la edad (canas en su cara, andar menos enérgico, siestas mucho más extendidas, visible cansancio en sus paseos, etc.) esa especie de angustia por lo inminente hizo nido en mi cabeza, fortalecida además en el recuerdo selectivo de aquel dato veterinario que clasifica su raza entre las menos longevas de la especie canina.

De ese tiempo en adelante, fueron reiteradas las oportunidades en que hasta en sueños veía surgir ese temor latente, pues, aunque la amara con todo mi corazón, no podía evitar recordar el cerco de tiempo que se cerraba en torno a su noble compañía, y al cual afortunadamente ella se mantenía ajena con la misma actitud satisfecha e irreverente de siempre.

Bóxer en la playa - Foto 1
A pesar de todo esto, hace cuatro meses su muerte supo tomarnos desprevenidos, cumpliendo a cabalidad aquella máxima de que hay cuestiones para las que uno nunca termina de estar preparado.

El trance fue todo lo angustioso y triste que imaginábamos. Pero lo que jamás pudimos prever fue la afortunada sorpresa que Dios nos tenía reservada como consuelo…

Al recibir en el cementerio sus cenizas, ya teníamos más o menos claro lo que queríamos hacer con ellas, siguiendo un poco la intuición de lo que hubiese sido su deseo en vida. Orientados en eso que ella parecía disfrutar más y también un poco influidos por aquella idea romántico-esotérica de propiciar su fusión con alguno de los cuatro elementos de la naturaleza, no tuvimos duda en que esparcir sus cenizas en ese pedacito de mar donde pasó tantas navidades y vacaciones felices con nosotros, era lo ideal para despedir en este plano el amor que ilimitadamente supo brindarnos.

Dejando de lado cualquier compromiso u ocupación pendiente, toda mi familia se encaminó tres días después -un viernes en la tarde-, a nuestro apartamento en Carenero, tras la idea de llevar a cabo en las horas menos concurridas del amanecer del sábado nuestro ritual adiós.

Esa mañana fui la primera en despertarme. Aunque el plan familiar era salir de casa a las 6 am, estaba nublado, llovía fuerte y no parecía que el panorama iba a mejorar en lo inmediato. Dejé que todos continuaran durmiendo y me fui a bañar. Al salir, el tiempo continuaba igual. Mamá ya había despertado, y mientras se encargaba de despertar a papá, hice lo mismo con mi hermana, hermano y su novia. La impresión general era que la lluvia nos había cambiado el plan.
Ya listos, salimos una hora después,  cuando el clima nos lo permitió. Con el ánimo en el suelo nos encaminamos a esa playa pequeñita y solitaria donde tantas veces contemplamos los atardeceres con Canela, riéndonos al verla rehuir de esa espuma que en embestidas de agua parecía jugar con ella.

Al llegar a la playa con la cajita de cenizas en un bolso, pudimos ver cómo inesperadamente, detrás de unas palmeras y un peñero que siempre está posado en sus arenas, surgieron tres perros adultos que iban a nuestro encuentro en actitud defensiva. El clan estaba conformado por una pareja de dálmatas, cuyo par de cachorros- de unos dos meses de nacidos – jugaban en la arena un poco más allá, y un macho bóxer, casi idéntico a la Canela en su juventud.

Luego de un escrutinio cercano, que no duró más de diez segundos, una especie de mágico reconocimiento se apoderó del ánimo de estos cinco perros, que en frenesí colectivo comenzaron a brincar en dos patas meneando sus colas de alegría. Los más grandes nos lamían y se disputaban efusivos nuestro cariño, mientras los cachorros también llamaban nuestra atención mordisqueándonos los ruedos pancita arriba.

D√°lmata - Foto 2
Todos estábamos fascinados. La playa parecía reservada para aquel encuentro entre estos cinco perros y nosotros (seis acérrimos amantes de los animales). Era conmovedor ver cómo en cada gesto de estos fabulosos seres se reproducían las particularidades de la Canela en vida, su ánimo juguetón, su cariño rayano en la devoción, la ternura de sus gestos curiosos y protectores…

En medio de tanta algarabía, la situación se hizo más sorprendente cuando mi hermano -elegido para esparcir las cenizas lo más alejado posible de la orilla – aprovechó la distracción de los perros para entrar al mar a hacer lo suyo; y de inmediato los dos perros machos, el bóxer y uno de los dálmatas, dejaron nuestros cariños en la arena, como sacudidos por un llamado mayor que los llevó a sumergirse en nado presuroso al alcance de su figura, cual escoltas de una ceremonia funeraria cuidadosamente orquestada y cronometrada por Dios.

Minutos después, ya cumplida la fase más complicada de aquel hasta siempre, mi hermano regresó a orillas de la playa con los dos perros siguiéndoles eufóricos de felicidad, dispuestos a continuar empapándonos de agua y arena en un torbellino emocional. El ambiente que milagrosamente reinaba entre nosotros era de lágrimas y risas de felicidad, muy al contrario de lo cabía suponerse en una circunstancia de ese tipo.

Justo cuando nuestros ojos comenzaron a encontrarse en la complicidad de quienes se saben en presencia de algo maravillosamente inexplicable, en medio de tal retahíla de “casualidades” donde las preguntas no tienen cabida y el agradecimiento silencioso es la única reacción posible, los cinco perros partieron en tropel aupados por el histérico grito de un señor italiano que, desde una quinta cercana, los regañaba por haberse escapado de su patio, cuya reja plateada se encargó de cerrarnos en la cara mientras refunfuñaba molesto por la fuga de sus mascotas.

Y nosotros, más allá de lo que hoy día quieran creer quienes escuchen o lean nuestra historia, quedamos con la certeza de que semejante tejido de situaciones, que acabó cruzándonos con la dulce intervención de estos cinco ángeles perrunos en nuestro desconsuelo, no podía depender ni ser consecuencia de un permiso humano, sino producto de alguna voluntad superior que buscó expresarnos de la manera más hermosa posible el buen fin de nuestra amada Canela.

Ana Irina Rodríguez León es comunicadora social

 

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LA CULPA ES DE OSMEL

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Eurídice Ledezma

Últimamente me siento francamente fea. Gorda. Fuera de forma. Fea, pues. Me salva que todavía, en un alguna esquina de mi cerebro y de mi cuerpo, aún me siento sexy y femenina. Pero, la verdad es que me siento fea con F de ferocidad.

A pesar de este estado de ánimo que, lo juro, no está en mi mente, sino más bien bastante instalado en mis ahora demasiado generosas curvas, camino impunemente por las calles de Trieste. Eso me hace sentir aún peor. Estas mujeres son absolutamente gloriosas. Bellísimas. Bronceadas. Longilíneas. Sensuales. Con caras extrañamente bellas y armoniosas y cuerpos casi etéreos. Atléticas. De mala ostia, sí, pero ese es casi un detalle superfluo.

Y aquí estoy yo, osando caminar por este Olimpo para hombres (y mujeres, ¿por qué no?) con mi muy terrena presencia. Con mi Caribe haciéndose sentir en mis movimientos y mis maneras un tanto demasiado voluptuosas, preguntándome, ¿quién le dio permiso a Osmel Sousa y a Joaquín Riviera de convencernos, a todas las venezolanas, de que somos las mujeres más bellas del globo? ¡Qué mito tan absurdo!

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Partiendo de una premisa falsa hemos construido una autoestima que alimenta la industria estética nacional pero que también nos ayuda a sobrevivir en ambientes tan hostiles como en el que ahora me encuentro: demasiada belleza junta puede provocar una subida de envidia intolerable hasta para el más malévolo de los seres.

Y es que no tengo ningún problema en reconocerlo. Además de feísima, estoy envidiosísima. Celosa. ¿Cómo rayos se puede ser tan bonito? Es una injusticia divina desde luego, porque la lotería genética es obra de Dios y sus caprichos.

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Y la verdad es que no me consuela aquella tesis de que la belleza esté en los ojos de quien la mira o que la belleza es relativa o que hay muchos tipos de belleza o que sé yo. No estoy hablando de sensualidad, ni de sex appeal. Sé que tengo abundantemente de los dos. Afortunadamente. Hablo de belleza clásica, de simetrías, de cualidades casi celestiales que nos separan a las comunes mortales de las Diosas.

No sé si estas mujeres que caminan por Trieste son Diosas, pero, desde luego, yo me siento cada vez más mortal.

Cuando regrese necesitaré terapia. Pero ni me preocupo: le mandaré la factura a Osmel.

 

Eurídice Ledezma, periodista independiente.

http://tankgirlmedia.blogspot.com


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